Silencio en lugar de colorido ā Mi viaje hacia la pintura inspirada en Japón
- Alessanara

- 11. Sept. 2025
- 6 Min. Lesezeit

La fascinación de la pintura japonesa
Existen culturas en las que la pintura siempre es un reflejo del mundo: detallada, explicativa, casi documental. Y luego estĆ” el arte japonĆ©s, que habla un lenguaje completamente distinto. No es tanto una imagen como un estado de Ć”nimo. Un instante fugaz que se desvanece en la niebla, y que sin embargo āo precisamente por elloā resuena con tanta profundidad.
La pintura con tinta, el Sumi-e (墨絵), resulta igualmente fascinante. AllĆ no se pulen los detalles durante horas, sino que un solo trazo lo decide todo. El resultado no se puede corregir, no se puede retocar āy justamente eso lo hace tan honesto. Cada trazo es definitivo, pero tambiĆ©n estĆ” lleno de vida. Una rama de bambĆŗ en Sumi-e puede componerse de apenas tres o cuatro lĆneas āy aun asĆ se reconoce de inmediato, no solo en apariencia, sino en esencia.
Pero el arte japonĆ©s no es solo reducción. Uno de mis grandes favoritos es ItÅ JakuchÅ« (ä¼č¤ č„å², 1716ā1800). Fue lo opuesto a un minimalista: un maestro del color, un pintor de imaginación desbordante. Sus pinturas de animales y plantas prĆ”cticamente explotan de vida āy aun asĆ poseen una claridad que nunca resulta caótica. Lo que mĆ”s me conmueve de JakuchÅ« es su capacidad para crear armonĆa en medio de la abundancia. Cada detalle tiene su lugar, nada es arbitrario, y aun asĆ todo respira.
Para mĆ, ahĆ reside la esencia del arte japonĆ©s: el equilibrio entre plenitud y silencio, entre trazo y vacĆo, entre detalle y atmósfera. Esta actitud es la que me inspira āno porque quiera āadoptarlaā, sino porque me ofrece una nueva mirada sobre mi propia pintura.

¿Por qué un nuevo estilo?
Durante muchos aƱos pintĆ© retratos de animales. Estaban llenos de color, de energĆa, a menudo con miradas intensas y una fuerte presencia emocional. AmĆ© esa etapa āy sin embargo, en algĆŗn momento sentĆ que ya no expresaba mi verdad interior.
Era casi como si me observara desde afuera: mis animales, poderosos en el lienzo, y yo, sintiĆ©ndome cada vez mĆ”s pequeƱa a su lado. Cuanto mĆ”s evolucionaba, mĆ”s claro quedaba: ese tipo de pintura fue parte de mĆ āpero ya no era la parte que deseaba hablar ahora.
Hoy siento: ya no quiero retratos. No mƔs rostros fijos, no mƔs momentos congelados. En cambio, anhelo movimiento, paisajes, la naturaleza en todas sus formas. La niebla que fluye, las flores que se marchitan, las montaƱas que desaparecen bajo la lluvia.
Mi estilo anterior se siente ahora como un capĆtulo colorido de mi diario āun capĆtulo hermoso, pero uno que ya se ha cerrado. Sin embargo, no quiero negarlo. Quiero tender un puente. AjustarĆ© mis Ćŗltimas pinturas de animales para que me resulten coherentes āmenos colores estridentes, mĆ”s calma, tal vez un toque de niebla, tal vez fondos mĆ”s suaves. SerĆ”n obras de transición: pequeƱos puentes entre la energĆa del pasado y el silencio del futuro.

Lo que Japón hizo conmigo
Mi viaje a Japón no fue un simple recorrido turĆstico de monumentos, sino mĆ”s bien un asombro silencioso ācon Kioto como centro. Recuerdo haber caminado por los jardines japoneses: superficies de grava rastrillada, islas de musgo como pequeƱos paisajes, estanques en los que se reflejaban Ć”rboles y cielo. Y aunque habĆa mucha gente a mi alrededor, un silencio indescriptible lo envolvĆa todo. Era como si cada paso, cada voz, fuera absorbida por la quietud del entorno.
Esa experiencia me marcó profundamente. En Kioto comprendĆ que el silencio no depende de la ausencia de personas, sino de una actitud. Un jardĆn japonĆ©s nunca estĆ” vacĆo ni āterminadoā āvive del equilibrio entre el orden y la naturaleza, entre lo planeado y lo casual. Y exactamente asĆ me sentĆ: como si incluso mi propio caos en el estudio pudiera encontrar un lugar en ese equilibrio.

Particularmente impactante fue para mĆ la visita a la Pagoda TÅ-ji. AllĆ vi una exposición del artista Kazuhisa Kusaba, cuyas pinturas cerĆ”micas me abrumaron por completo. Sus obras unen tantos opuestos: son detalladas y, sin embargo, llenas de vacĆo; modernas y a la vez profundamente enraizadas en la tradición. Me quedĆ© largo rato frente a esas piezas, sintiendo que yo tambiĆ©n buscaba algo similar en mi propia pintura: un puente entre lo que fue y lo que estĆ” por venir.
Los santuarios y templos de Kioto tambiĆ©n me mostraron cuĆ”nto nos influyen los lugares. Cada santuario era mĆ”s que arquitectura āera atmósfera. El olor a madera e incienso, el crujido suave de los suelos, el susurro de las hojas en los jardines. Todo se sentĆa como una pintura hecha de sonidos, aromas y silencio.
Japón me enseñó que el arte no siempre tiene que ser ruidoso para conmover profundamente. Puede susurrar. Puede dejar espacio. Puede convertirse, como un jardĆn o un templo, en un lugar donde se respira. Eso es exactamente lo que quiero buscar āy encontrarā en mis cuadros.

Mi nueva dirección
DespuĆ©s de todas esas impresiones entendĆ: debo cambiar mi pintura. No un poco, no en pasos pequeƱos āsino de manera fundamental.

Antes, los animales eran el centro de mi obra. Sus ojos, su expresión, su presencia āese era mi lenguaje. Hoy, en cambio, me atrae la naturaleza en su conjunto. Ya no el retrato, sino el paisaje. Ya no el individuo, sino la interacción. La niebla que se expande. Los pastos que se mecen con el viento. Las montaƱas que se desdibujan en la bruma. Las flores que iluminan y vuelven a desvanecerse. Todo lo que ofrece la naturaleza ahora puede tener cabida en mis lienzos.
Menos color, mƔs aliento
Mi paleta cambia tanto como mis motivos. Donde antes dominaban tonos fuertes, ahora prevalecen colores apagados. Gris niebla, blanco roto, verde musgo, tonos ocres, un leve soplo de azul. Solo de vez en cuando aparecen acentos mĆ”s intensos āentonces de manera deliberada, como una respiración que parpadea un instante y vuelve a desaparecer. Es casi como si ahora usara el color como atmósfera, y ya no como protagonista.

El Sumi-e como maestro
La tĆ©cnica del Sumi-e es para mĆ como un maestro silencioso. Estoy aprendiendo a comprender la tinta: su delicadeza, su vida propia, su imprevisibilidad. Un trazo, un soplo de agua āy la obra ya estĆ” decidida. Quiero llevar esa actitud a mi pintura āno para copiar la tradición, sino para dejarla fluir como un recuerdo. Tal vez en un Ćŗnico trazo, en una textura, en la claridad de un espacio vacĆo.
Mi propio estilo
Al final, no quiero pintar āSumi-e europeoā. Quiero encontrar mi propio camino. Experimento con degradados de color que recuerdan a la niebla, con formas en movimiento que apenas insinĆŗan animales o paisajes sin describirlos. A veces aparecerĆ” un texto en la obra āuna frase poĆ©tica, una huella de pensamiento. Y tal vez tambiĆ©n utilice pinturas camaleónicas que brillan y cambian con la luz ācomo un pequeƱo juego con lo efĆmero.

Atreverse a lo nuevo
Lo mĆ”s importante para mĆ: el valor de intentar algo nuevo. No sĆ© adónde me llevarĆ” este camino. Solo sĆ© que me atrae. El arte siempre ha sido para mĆ un lugar donde puedo perderme. En los trazos, en los degradados, en el silencio entre dos colores. Y justamente esa pĆ©rdida de sĆ quiero hacer visible.
QuizĆ”s algunas obras fracasen. QuizĆ”s surjan cuadros que no funcionen en absoluto. Pero eso tambiĆ©n forma parte del proceso. Porque solo experimentando puedo encontrar algo verdadero. Y no quiero pintar una copia de mĆ misma āquiero avanzar, seguir siendo curiosa, probar cosas nuevas.
El caos permitido
Y, siendo sincera: mi estudio sigue siendo caótico. Aunque mis cuadros se vuelvan mÔs tranquilos, mi mesa sigue llena de botes de pintura, recortes de papel y montones de pinceles. Pero tal vez esa sea la enseñanza mÔs hermosa: la calma no estÔ afuera, sino en la propia obra. Todo lo demÔs puede seguir siendo desordenado.

Conclusión ā Un nuevo respiro
Kasumi significa ānieblaā (é). Para mĆ no es solo un nombre, sino un camino. La niebla es lo que estĆ” en medio: intangible, indefinida, pero presente. Oculta y muestra al mismo tiempo, vuelve el mundo mĆ”s misterioso.
Eso es exactamente lo que quiero expresar en mi arte: cuadros que no proclaman a gritos, sino que sugieren en silencio. Obras que dejan espacio a tu propia interpretación, a tu propio silencio.
No voy a esconder mis antiguos retratos de animales āson parte de mĆ. Pero ahora comienza un nuevo capĆtulo. Uno en el que la niebla, el paisaje, la naturaleza y las flores juegan el papel principal. Un capĆtulo en el que pinto menos, pero digo mĆ”s.
Y por si te preguntas quĆ© tan silencioso es realmente mi estudio: normalmente solo hasta que vuelvo a enganchar la manga en un pincel o derramo la leche dorada sobre el boceto. Pero quizĆ”s ese sea precisamente el sentido del Wabi-Sabi āla belleza de lo imperfecto, el caos junto al silencio. Y creo que ahĆ es donde me siento en casa.
